EDITORIAL ABRIL 2011

Mes del cerebro:

Cada año en el mes de abril se busca poner al alcance de los chilenos una información renovada que permita mejorar el cuidado del cerebro que es  nuestro órgano de la conciencia, del movimiento y del sentir.  El cerebro humano representa evolutivamente el más cuidadoso y elaborado sistema biológico creado por Dios. No existe ningún sistema tan económico que sea capaz de cumplir tantas funciones como las que ejecuta el cerebro en un instante. Seguramente la robótica  en algún momento de nuestra historia llegará a imitar la obra divina.

Alguno de sus daños nos hace perder la conciencia de nuestra existencia, nos priva del lenguaje y de los movimientos y  en muchos casos con su daño dejamos de ser personas, aunque el sentido humanitario obliga a los demás a seguirnos considerando sus iguales.

El cerebro debe ser protegido siempre y debemos adquirir la conciencia que las intoxicaciones voluntarias, especialmente  aquellas que están de moda y que matan neuronas, son un enemigo camuflado para el indefenso cerebro. Un órgano tan precioso debe ser protegido evitando excesos de cualquier naturaleza,  excesos que pudieran no afectarlo directamente, pero que a través del daño de otros órganos finalmente se contribuye a su destrucción.

Nuestro cerebro nos permite ser, por ello para la protección de este órgano tan vital debe considerarse tanto la salud mental, como la salud física. Como afirmaban los griegos mente sana en cuerpo sano. Afirmación que sigue vigente para la protección de una biología humana, que al parecer está insuficientemente adaptada a las exigencias  de nuestra vida “civilizada”.

Todo el mundo sabe que el riesgo vascular se inicia después de los cincuenta años. Los accidentes vasculares son la causa más temida de las lesiones cerebrales, pero también son muy importantes y frecuentes los traumatismos encéfalocraneanos en los jóvenes, así como la drogadicción y el estrés que desajusta nuestro delicado equilibrio de neurotransmisión cerebral y genera condiciones deficitarias en los estados afectivos y daña la calidad de vida.

El tiempo destinado al esparcimiento, donde la alegría natural constituya un componente central, nos protege indirectamente de los accidentes vasculares, de los trastornos del ánimo, de la hipertensión arterial, del exceso de colesterol, de los accidentes del tránsito y de las alteraciones inmunitarias que facilitan las infecciones. Parece repetitivo decir que la vida sana nos protege, pero especialmente protege nuestro cerebro.

Si bien cada enfermedad cerebral desde los cuadros infecciosos hasta los degenerativos, pasando por los cuadros psiquiátricos, tiene conductas preventivas que parecen específicas, la madre de todas las batallas está en la moderación y  el equilibrio.

El mes del cerebro sirve también para que lo usemos y reflexionemos sobre  nuestras realidades y busquemos que nuestro quehacer sea un disfrute, que las tareas cotidianas sean más una entretención que una carga. Esa actitud está basada en la aceptación de lo que somos y en el compromiso de ser mejores. Hay que vivir siempre como en vacaciones y sin excesos. Excesos que muchas veces no alcanzaremos a lamentar, habiendo otros que se lamentaran por nosotros.


Dr. Luis Cartier R.
Director de Publicaciones SONEPSYN

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