365 días sin mirarse al espejo

Seis meses atrás, Kjerstin Gruys decidió eliminar los espejos de su vida. Desde entonces esta socióloga estadounidense evita mirar su imagen. ¿El motivo? No obsesionarse con su cuerpo y lograr que otras mujeres cuestionen el culto a la belleza. Un desafío difícil de lograr, pero que ya es aplaudido por expertos en salud mental.  

AMALIA TORRES Kjerstin Gruys no tiene espejos en su casa. No se mira en los reflejos de las vitrinas y sólo tiene permiso para utilizar, y por estrictos motivos de seguridad, los espejos retrovisores del auto. Si chatea o habla por Skype, las reglas que ella misma creó y que sigue desde el 26 de marzo pasado la obligan a no utilizar cámara.

En octubre es su matrimonio, pero ella aún no está segura de que vaya a ver sus fotografías con traje de novia. Todo por su proyecto: pasar 365 días sin mirar su imagen.

La idea nació luego de probarse trajes de novia. Fue tanta la exposición a su reflejo que Kjerstin (28) empezó a encontrar defectos que no había notado. Un rollo rebelde se le marcaba en la espalda, sus caderas no eran del ancho que hubiera querido, sus brazos no eran como los de las modelos.

Y aunque racionalmente sabía que no necesitaba perder peso, la inconformidad con su cuerpo la perseguía.

Kjerstin se asustó. Recordó que menos de diez años atrás había tenido que luchar contra la anorexia, un trastorno alimentario cada vez más común en el mundo.

La idea de la vanidad y sus efectos negativos en las personas la rondaban; por eso, cuando leyó sobre unas monjas que no podían mirar su cuerpo ni siquiera al bañarse, supo lo que tenía que hacer: dejar de obsesionarse con su propia imagen. Y nada mejor para lograrlo que no mirarse en ningún espejo.

 

Maquillarse de memoria

"Estoy intentando enfatizar menos en mi apariencia y más en otras partes de mi vida", dijo en una entrevista a la revista Time esta socióloga estadounidense que investiga la obsesión por la belleza y la industria de la moda.

Además, Kjerstin espera que su esfuerzo -que relata en la página www.ayearwithoutmirrors.com - les sirva a más personas. "Me gustaría que otras mujeres piensen sobre el impacto que tiene el culto a la belleza en sus propias vidas".

En su nuevo mundo, libre de espejos, Kjerstin se maquilla lo mínimo y, cuando lo hace, tiene que hacerlo de memoria. No sabe cómo le queda el pelo en las mañanas y ha dejado de preocuparse si sus cejas están perfectas.

Michael, su novio, no sólo la ayuda a cubrir espejos cuando viajan, también ha debido adaptar su vida al experimento. ¿Un ejemplo? Sólo utiliza un espejo para afeitarse porque en la casa que comparten todos están tapados.

 

Pero él asegura que, más allá de algunos sacrificios, lo ha disfrutado.

"Ahora, en un día normal, no te demoras en arreglarte. Sólo te amarras el pelo en una cola y sales. (...) Además, me parece sexy que no uses tanto maquillaje. Tienes lindos ojos, lindas mejillas, ahora puedo verte más a ti, y no al maquillaje", le dijo a Kjerstin en una entrevista que ella reprodujo en su blog.

Luego de seis meses sin detenerse frente a su reflejo, la conclusión de Kjerstin es clara: "Me he dado cuenta de cuánto confiaba en los espejos para sentirme bien durante el día, para explicarme por qué un día era bueno o no lo era".

Según Daniela Gómez, psiquiatra experta en trastornos alimentarios del centro AIDA (Atención Interdisciplinaria para Desórdenes en Adolescentes, Adultos, Niños y Familia), la reflexión de la joven socióloga es cierta.

"La imagen que entrega el espejo no es siempre la imagen real, fidedigna, y eso dificulta a las mujeres. A muchas les pasa que se miran en el espejo de la casa y encuentran que se ven bien, y después pasan frente a una vitrina, ven su reflejo y piensan que no se ven tan bien, lo que las inseguriza".

Para evitar esa situación, la doctora Gómez aconseja observarse siempre frente al mismo espejo. Y ojalá no admirarse demasiadas veces al día.

"El ejercicio que está realizando esta mujer es muy bueno, porque uno debería ocupar el espejo como una herramienta que te ayude en ciertas actividades diarias, como pintarte o lavarte los dientes. Pero las mujeres abusamos y eso nos refuerza la obsesión por la imagen".

 

Reflejo interno

El problema, asegura la experta, es que mirarse demasiado al espejo provoca más malos ratos que alegrías. "Produce inseguridades, obsesiones, a veces se empieza analizar tanto la corporalidad, que se cambian incluso los gestos al hablar, por ejemplo. Y en ese caso, el problema es que se pierde naturalidad".

Para Paula Sáez, psicóloga experta en estudios de género de la Universidad Diego Portales, también es importante recalcar que más allá de lo fiel que sea un espejo, en éste la persona sólo se verá según su concepción interna.

"Lo que uno ve en el espejo es lo que nuestros ojos nos permiten ver, y eso es muy interno, es una autoconcepción. La imagen del espejo tiene que ver con autoestima, con aspectos que uno resalta de sí mismo. Una mujer puede decir que hoy se ve más gorda o arrugada, mientras que otra persona la va a ver igual".

Y agrega: "No hay que olvidar que la imagen del espejo no es necesariamente lo que soy. Y verse bien también es sentirse bien con uno mismo, con lo que uno tiene y con la identidad que ha construido".

Día 103: "Sí, es posible sacar los espejos de tu vida. Ya no me siento dependiente de ellos. (...) Los espejos y superficies que generan reflejo están en todas partes, y aunque tome medidas para evitarlos, hay miradas accidentales. Pero a veces 'verme a mí misma' se ha convertido en 'contemplarme', lo que es totalmente contrario a las reglas".

5 días al año pasan las mujeres frente al espejo.

6 minutos más mirándose al espejo utilizan las rubias cada día, en comparación con las morenas.

72 minutos demoran las rubias cada mañana en ducharse, peinarse, hidratarse, maquillarse y escoger la ropa.

2 horas pueden demorar las mujeres en arreglarse para una cita.

Fuente: Encuestas realizadas por Goody y QVC Beauty. / El Mercurio
17 de septiembre

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