Título de “Maestro de la Neurocirugía” recae en  el neurocirujano infanto-juvenil Dr. Arturo Zuleta Ferreira

  • El Dr. Zuleta es Profesor Adjunto de Neurocirugía InfantiL;Subjefe de Servicio del Instituto de Neurocirugía Asenjo Santiago. Staff Neurocirugía de la Clínica Alemana de Santiago.
  • El título de “Maestro”  que otorgan los neurocirujanos chilenos es el mayor reconocimiento nacional al que puede acceder un médico de esta especialidad.
  • Conversamos con el Dr. Zuleta y reproducimos en esta página la semblanza que le hiciera el Dr. Osvaldo Koller al momento de entregarle el reconocimiento.

En la ciudad de Valdivia, en el marco del Congreso Anual 2012, se otorgó el título de “Maestro de la Neurocirugía” al destacado miembro de Sonepsyn,  Dr. Arturo Zuleta Ferreira.

Cada año la sociedad premia la labor de formación de un profesional de una de sus tres especialidades – psiquiatría, neurología, neurocirugía – reconocimiento que reviste una alta importancia.

El Dr. Zuleta se manifestó muy honrado con este reconocimiento y señaló que para él este premio trasciende a la persona individual, “ esto no es una distinción al mérito de la persona y por lo mismo se adapta un poco más a la forma en que yo me desenvuelvo. El maestro no existe sin discípulos y de alguna forma este premio reconoce lo colectivo, reconoce a quienes estuvieron antes que uno y fueron mis formadores y a los que vienen a continuación”.  “La maestría es algo que no se termina con la persona y por ello me siento muy a gusto con este premio que se adapta perfectamente a cómo yo veo el ejercicio de la profesión”, enfatizó el Dr. Zuleta.

Respecto de su rol en el terreno de la formación docente, el Dr. Zuleta señaló que el mensaje que suele reiterar a sus discípulos es que no existe “el mejor” sino que existen “ los mejores” haciendo alusión a la importancia del trabajo en equipo. Asimismo dijo que el maestro siempre tiene que esperar ser superado, que es ese el mayor reconocimiento.

Refiriéndose a su trabajo como neurocirujano de niños y adolescentes el Dr. Zuleta dijo que trabajar con niños requiere una actitud especial que tiene que ver con el desarrollo del sentimiento de la “compasión”  algo muy distinto a la lástima.  La compasión para el Maestro de la Neurocirugía es un sentimiento de comunión con el sufrimiento del otro, es una manera de involucrarse y sentir “con” el otro ( el paciente, la familia) lo que supone una manera integral de entender la medicina y el ejercicio de la misma.

 

SEMBLANZA DEL DR. ARTURO ZULETA FERREIRA
Autor:  Dr. Osvaldo Koller Campos

Estimado,

El día de hoy me ha correspondido el honor, de realizar una semblanza del Dr ARTURO ZULETA FERREIRA.

Como es natural, esta entrega tiene un sesgo personal. Sin  embargo intentaré a través de mis palabras, mostrarles al hombre a quien muchos neurocirujanos, jóvenes y no tan jóvenes, hemos visto como un referente y depositario de nuestra sincera admiración, por sus cualidades tanto humanas como profesionales.

EL NIÑO Y ESTUDIANTE

El Dr. Zuleta nació en Freirina el año 1946, la cuna de sus padres y abuelos. Tal vez, debamos agradecerle en parte al padre del Dr. Zuleta, el amor por la Medicina. Don Arturo Zuleta, padre, también fue médico, carrera que terminó dando prueba de gran fortaleza  dado que por aquellos años y mientras cursaba el Internado de Medicina le diagnosticaron una tuberculosis  de rodilla.Obligado a usar un yeso pelvipedio, debió interrumpir su carrera por cuatro largos años, la que retomó y finalizó para luego realizar una Beca de Pediatría en el Hospital Roberto  del Río y volver a Vallenar como Jefe de Pediatría.

Su madre, procedente de Punta Arenas hija de español de Galicia y Croata, llegó a Vallenar, lugar donde conoció a su futuro marido.

A los dos años de casados,  el matrimonio Zuleta Ferreira, recibía a  su primogénito Arturo, nuestro homenajeado, a quien siguieron Fernando, actualmente traumatólogo, María Teresa, profesora de lenguaje y finalmente Carlos, abogado.

El niño Arturo, realizó estudios primarios en la ciudad de Vallenar, para luego trasladarse al Internado Nacional Barros Arana en Santiago para completar sus Humanidades.

Como en toda vida, los momentos tristes también han aparecido en ésta: con apenas quince años de edad, el joven Arturo vivió el fallecimiento de su padre. Lo que imaginamos habrá sido un golpe duro contribuyendo a forjar el temple del hombre que hoy conocemos.

En el colegio, Arturo era aplicado. Me confesó que le gustaba estudiar lo que desde luego, le acarreaba excelentes calificaciones.

Rindió el Bachillerato y con  sus 28 puntos bajo el brazo, se presentó al examen de admisión para la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, sin haber postulado a ninguna otra carrera ni universidad. Afortunadamente para todos nosotros, le fue bien.

Habitaba por aquel entonces en Santiago, calle Chile-España, en una casa que existe hasta el día de hoy y donde vivió todas  la etapas de un joven, desde las pichangas de fútbol hasta las largas jornadas de estudio universitario.

Los años de carrera fueron buenos. Un joven flaco, sin duda ilusionado, aplicando su dedicación e inteligencia que conocemos bien en terminar la carrera de Medicina.

La Universidad de Chile, dio nacimiento al profesional el año 1970.

EL NEUROCIRUJANO EN FORMACIÓN

Como mucha de las mejores cosas que ocurren en la vida, la entrada del Dr. Arturo Zuleta a la NEUROCIRUGÍA fue casual.

En un inicio le atrajo la Cirugía General, sin siquiera pensar en la neurocirugía, para luego dar un vuelco entre los años 1970 y 1973 hacia la Neurología, de la mano del gran neurólogo Dr. Camilo Arriagada. Esta experiencia fue muy formadora en la carrera del Dr. Zuleta, dado que valores académicos como la claridad del pensamiento y expositora, las instructivas reuniones anatomo-clínicas, con los acabados análisis clínicos y de la anatomía patológica dieron al joven médico una perspectiva muy completa de la medicina.  Pero el Dr. Camilo Arriagada habría de dejar en el joven Arturo otra marca más, de gran relevancia y que apreciamos hasta hoy: su fuerte compromiso hacia el paciente.

Aparece aquí por primera vez, la Neurocirugía: Esta experiencia en Neurología, estaba acompañada de una promesa de cupo en el INCA.

En base a la hipotética necesidad de neurocirujanos para del Hospital construido durante el gobierno de Salvador Allende en la calle Ochagavía, y que a la postre quedaría olvidado, el año 1973 hace su arribo al INCA el flamante becado Dr Arturo Zuleta en compañía del Dr. Candia, gracias además a un verdadero "enroque" según el cual los Drs. Lautaro Rodríguez y Gómez, fueron enviados al Hospital Barros Luco Trudeau.

Entre los años 1973  y  1976 realiza el Dr. Arturo Zuleta su beca de Neurocirugía, coincidiendo en aquella época con destacados neurocirujanos.

Siguiendo la usanza de la época, el becado se adosaba a un equipo, siendo el último, el liderado por el Dr. Luciano Basauri.

Por aquel entonces no existía la Neurocirugía Infantil, y cualquier equipo suplía estas necesidades. Fue precisamente el Dr. Basauri quien empezó a tener más ingerencia en la Sociedad Internacional de Neurocirugía Infantil  y junto a su amigo al Dr. Raúl Carrea buscaban gente de diferentes países para su desarrollo.

El Congreso realizado en Chile el año 1976 tuvo una importancia esencial en la carrera del Dr. Zuleta. Allí conoció a su profesor el DR MORIS SCHUZ, quien a la fecha tenía cerca de  40 años de edad. Favoreció esta incipiente relación el hecho de que el Dr. Schuz hablaba español, pero el punto clave estuvo en el interés desbordante que tenía por la NC pediátrica, lo que de inmediato atrajo al Dr. Zuleta, partiendo a Marsella posteriormente gracias a gestiones del Dr. Basauri.

Un año debió estudiar el idioma francés en Chile antes de partir, lo que finalmente se concretó el año 1978 y 1979.  Partió felizmente casado con su maravillosa esposa, hasta el día de hoy, Maggi, y dos de sus hijos.

La experiencia en Marsella fue intensa, lentamente la carga quirúrgica fue en aumento. Era difícil moverse en un ambiente de desconfianza y recelo hacia el recién llegado, sin embargo la llegada de una MAV, la ausencia del resto del equipo y la pregunta del Jefe de Cirugía Infantil del cual dependían: "Es usted capaz de operarlo". Y la respuesta a la chilena: "sí", junto a un buen resultado quirúrgico fueron echando abajo los resquemores y haciendo de ésta, una gran experiencia.

EL NEUROCIRUJANO PEDIÁTRICO

De  vuelta en Chile, su deseo estaba fuertemente enfocado a la NC Pediátrica dentro de su propio equipo y empezaron a llamarlo de los otros equipos. Esta actividad se mantuvo hasta el año 1980 cuando se crea el Servicio de Neurocirugía Infantil, cuyo jefe fue el Dr. Basauri, y que  mantuvo aún su carácter mixto por unos años más.

El año 1984-1985, con 39 años de edad, el Dr. Arturo Zuleta, se hace cargo de la jefatura del Servicio de Neurocirugía Pediátrica del INCA. Llegan posteriormente los Drs. Valenzuela y Podestá.

Por aquel entonces, se trataba de un servicio de muy escasos recursos. Enfrentó la precariedad de la mano de un voluntariado de gran entrega y nuevamente, como muchas otras, del apoyo y ayuda de su esposa Maggi.

Pasaron por esos años de jefatura un sinnúmero de becarios y post-becarios, apreciando siempre su sencillez y generosidad.

UNA SATISFACCIÓN

Preparando esta semblanza le pregunté al Dr. Zuleta cuál era su mayor satisfacción obtenida en esta carrera. Lo pensó y con su habitual calma me contestó que no existía una satisfacción propiamente tal, pero sí recordaba con especial afecto un simple CD, que contenía la experiencia de una mamá cuya hija había fallecido y que hablaba de la relación medico paciente. Se emocionó al recordarlo y compartimos, los valores que atesora la persona que es el Dr. Arturo Zuleta.

Finalmente quisiera, estimado profesor Zuleta, decirle a nombre de todos quienes le apreciamos, lo mucho que admiramos su ayuda generosa, sus comentarios oportunos, las grandes enseñanzas que ha dejado en nosotros con su maestría única y su humanidad en el trato hacia nuestros pequeños pacientes.

Me ha dicho alguna vez, que la Neurocirugía Pediátrica es un trabajo en equipo y que es difícil apropiarse de éxitos individuales. Estoy muy de acuerdo, si embargo deseo agregar que maestros como usted hay pocos y nos sentimos honrados.

Dr. Osvaldo Koller Campos

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