DECLARACIÓN DÍA MUNDIAL DE LA FELICIDAD
20 de Marzo del 2014

"La Educación y la Salud Mental:
Pilares en la construcción de un Chile más amable, digno y feliz"

Hoy queremos invitar a todos y a todas a participar en la co-construcción de un Chile que se atreve a mirar el presente y el futuro desde el bienestar y la felicidad.

Compartimos la declaración de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas que aprobó el 19 de Julio del 2011 una resolución que reconoce la búsqueda de la felicidad como un objetivo humano fundamental y valoramos como un gran avance, la reciente propuesta entregada a la ONU por Bután y su grupo mundial de expertos: "Felicidad: hacia un nuevo paradigma de desarrollo".

Participamos de la demanda y la esperanza de la gran mayoría de los chilenos/as de dar un lugar prioritario en el desarrollo, a la educación y a la salud mental. Para empezar a recorrer este camino debemos partir por No confundir el rendimiento académico con la educación, ni la falta de enfermedad con la salud. El desarrollo de una buena salud mental y el auto cuidado de la salud general, deben ser parte de los objetivos de la educación. La educación no es sólo responsabilidad de las instituciones encargadas del tema, sino que es una responsabilidad de todos los actores sociales, cumpliendo la familia un rol ineludible. La familia y las diferentes formas actuales en que se expresa la convivencia humana, necesitan ocuparse conscientemente de su rol protagónico en la educación y en la salud mental de las actuales y futuras generaciones.

Estamos convencidos que al igual que el Producto Interno Bruto (PIB) no logra incorporar todas las dimensiones que definen el crecimiento y el desarrollo, tampoco el SIMCE permite valorar todas las dimensiones del fenómeno educativo, ya que solo releva los contenidos del proceso de enseñanza-aprendizaje, extraviándose del propósito principal del sistema educativo que es el desarrollo integral de los seres humanos.

Nos preguntamos ¿las instituciones educacionales con mejores resultados en el Simce, son también las que promueven el desarrollo de niños, jóvenes y adultos más felices y satisfechos con sus vidas? ¿Estas instituciones desarrollan el tipo de valores y aprendizajes que fomentan una sociedad que promueve una felicidad compartida? El éxito educativo reducido al mejoramiento de los indicadores de rendimiento no garantiza el bienestar ni la felicidad. El éxito educativo debe promover el desarrollo integral y la salud mental de todas las personas que componen la comunidad educativa, promoviendo una relación armoniosa con la sociedad. Esto es lo que entendemos como educación de calidad.

Una tarea esencial de la educación es generar contextos en los cuales podamos encontrarnos y reconocernos desde nuestras culturas y tradiciones, donde podamos aprender a con-vivir en un clima de mutuo respeto, colaboración e inclusión, entendiendo que en el libre despliegue de los talentos y potencialidades humanas reside la llave para avanzar hacia el bienestar colectivo.

Necesitamos que nuestros niños, niñas y jóvenes confíen en su educación. La evidencia científica y la experiencia comparada nos muestran que las escuelas que funcionan a través de vínculos de confianzas, basadas en relaciones de justicia y equidad, ayudan a que sus miembros tengan mayores niveles de satisfacción con la vida, además de lograr altos estándares académicos. Sin lugar a dudas, la educación debe cumplir la función de ayudarnos a ser buenas personas, a disfrutar la vida junto a otros, a desplegar nuestros intereses y capacidades, y a lograr un desarrollo personal y profesional pleno. La educación debe tener el propósito de anticipar en la sala de clases el mejor mundo posible que podamos imaginar y construir.

Para que la educación pueda cumplir su función, necesitamos también profesores e instituciones educacionales saludables. ¿Puede la Educación promover el bienestar y la felicidad en los estudiantes en Chile, si muchos profesores presentan problemas de salud mental, están insatisfechos y no son felices con sus vidas? Necesitamos por lo tanto, generar las condiciones para que los profesores estén satisfechos con sus vidas y con su profesión y que sean los grandes referentes del sentido de la educación.

Para encontrar este camino de co-construcción de una educación de calidad que permita levantar el Chile que queremos, debemos cuidar y dignificar los vínculos interpersonales y las redes sociales que estamos cimentando, a partir de la educación de la salud mental.

Nos preocupa el malestar social existente, y descubrir que esa realidad ha encontrado en la gramática de la salud mental, una forma privilegiada de desarrollo y expresión: ya sea bajo la forma de aumento de indicadores epidemiológicos alterados (ansiedad, depresión, suicidio, etc.), en la demanda creciente de atención psiquiátrica y psicoterapéutica, en la auto medicación de fármacos y abuso de drogas, y en el aumento acelerado de licencias médicas por problemas de salud mental.

No sólo necesitamos cuidar y tratar a las personas enfermas, sino que debemos preocuparnos en primer lugar de no hacer que las personas se enfermen. La salud mental es mucho más que la ausencia de enfermedad. Compartimos la definición sobre la Salud Mental de la OMS que la considera "un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. La perspectiva positiva concibe la salud mental como el estado de funcionamiento óptimo de la persona y, por tanto, define que hay que promover las cualidades del ser humano y facilitar su máximo desarrollo potencial".

A pesar que sin salud mental no hay salud, la salud mental no puede estar relegada solo al ámbito sanitario, debe estar considerada en todas las políticas públicas. Las grandes decisiones del país deben incorporar siempre la pregunta sobre los posibles efectos en la salud mental de las personas y de la comunidad.

Creemos en la capacidad de trasformación del ser humano. Como una semilla, sabemos que en su interior están todas sus potencialidades preparadas para germinar. Para que aquello pueda ocurrir, necesitamos satisfacer en el día a día nuestras necesidades básicas, pero también necesitamos tener una buena salud mental y una sociedad que nos permita vivir en comunidad y desarrollar nuestras potencialidades y talentos.

Nuestra principal riqueza como país somos las personas, quienes tenemos la capacidad de redescubrirnos y reinventarnos para desarrollar nuestra mejor versión de nosotros mismos.

Actualmente la evidencia científica nos confirma que la capacidad de ser feliz es parte de la evolución y del desarrollo del ser humano y de la sociedad, y que la felicidad y las emociones se contagian, se enseñan y se aprenden, lo que nos pone en la hermosa responsabilidad de hacernos cargo de este desafío.

Al buscar la felicidad, surge la interrogante ¿cuánto será suficiente?
No proponemos iniciar una búsqueda frenética e interminable de la felicidad
como un consumo insaciable.
Queremos proponer compartir una tranquila y amable felicidad,
desde el cuidado de la salud mental y la educación.

Santiago de Chile; 20 de marzo de 2014

 

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