Columna: Día Mundial del Parkinson en medio de las restricciones COVID19

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Noticia 12 de abril 2021

“En algunas ocasiones separados de sus seres queridos, desvinculados del ambiente, con poca estimulación cognitiva, pérdida de sus controles de salud y, en algunos casos, también con difícil acceso a bienes básicos y alimentos. Esto, sumado a las barreras para realizar actividad física, con graves consecuencias en su estado general, ha impactado fuertemente en los y las pacientes que padecen Enfermedad de Parkinson, tal vez más vívidamente que el resto de la población”.

Por Dr. Roque Villagra, neurólogo, coordinador de Grupo de Trabajo sobre Trastornos del Movimiento de Sonepsyn.

Este 11 de abril se cumplen 266 años del nacimiento de James Parkinson en el distrito de Hoxton, Londres. En esta distante nación, y en todo el mundo, conmemoramos esta fecha como el Día Internacional del Parkinson. Esto no se trata de una enfermedad exótica y ajena, es un padecimiento que afecta a unos 30 mil chilenos y chilenas, y corresponde a la segunda enfermedad neurodegenerativa en frecuencia después de la Enfermedad de Alzheimer, firmemente asociada al envejecimiento, por lo cual es un problema emergente de salud pública en nuestro país, uno de los con más altas tasas de envejecimiento en la región y el mundo.

Pero este aniversario, al igual que el anterior, es muy particular; nos sorprende como humanidad en medio de una emergencia sanitaria global. Desde diciembre del 2019 en que la infección COVID 19 se notificó por primera vez en el lejano Wuhan , en China, el virus  se ha propagado a nivel global con más de 120 millones de afectados y cerca de 3 millones de personas fallecidas.

Sin duda la pandemia nos cambió la vida, a cada uno de nosotros en diferentes formas, pero aún más a quienes sufren enfermedades crónicas, particularmente entre quienes tienen edad avanzada, se han visto más  profundamente afectados, ya sea directa o indirectamente, por la pandemia. Desde marzo a septiembre del año que recién pasó, las personas mayores de 80 años se vieron privadas de salir de sus hogares, en un intento bien intencionado de protegerlos, pero con un alto precio: en algunas ocasiones separados de sus seres queridos, desvinculados del ambiente, con poca estimulación cognitiva, pérdida de sus controles de salud y, en algunos casos, también con difícil acceso a bienes básicos y alimentos. Esto, sumado a las barreras para realizar actividad física, con graves consecuencias en su estado general, ha impactado fuertemente en los y las pacientes que padecen Enfermedad de Parkinson, tal vez más vívidamente que el resto de la población.

Cuando este caótico período sea historia, y en ello tenemos más esperanzas que certezas, si nos preciamos de un pensamiento humanitario  y solidario, deberemos asumir como sociedad, que nos encontramos en deuda con este segmento de la población, aun cuando  su postergación no haya sido por acción voluntaria nuestra. Se hará necesaria e indispensable la ejecución de políticas públicas y sanitarias para subsanar y compensar a nuestros pacientes, cubriendo además de las medicaciones básicas la rehabilitación que requieran, mejorando su acceso, empequeñeciendo la brecha que separa a los más viejos, a los más pobres y a los más frágiles del resto de la sociedad.

Si queremos extractar algo positivo de este periodo negro de pandemia, podemos destacar la implementación más generalizada de tele atenciones médicas y de rehabilitación, que en periodos más normales permitirán que quienes tenían que realizar grandes traslados para buscar atenciones sanitarias, o simplemente no tenían acceso a ellas, a través de la telemedicina se les abrirá una ventana, que permitirá el acceso para algunos postergados, al menos para aquellos que han logrado vencer la brecha digital. Esperamos que de todo esto algo bueno quede.